Haciendo este proyecto me di cuenta de lo fácil que es crear algo con inteligencia artificial: un texto, una imagen, hasta un video. Pero que sea fácil no quiere decir que no tenga consecuencias. Una imagen falsa o un comentario puede lastimar a alguien de verdad, aunque lo haya hecho una máquina.
Por eso creo que la responsabilidad está en tres momentos: cuando le pido algo a la IA, cuando reviso lo que me entrega y cuando decido compartirlo. En los tres puedo elegir ser empática, pensar en quién lo va a ver, y ser íntegra, diciendo qué hice yo y qué hizo la herramienta.
Como estudiante de un colegio católico, también pienso que todo lo que creamos debería servir para construir y no para herir. La tecnología va a seguir cambiando, pero tratar al otro como me gustaría que me trataran a mí no cambia.